La NASA da en el blanco en su impacto con la Luna

La NASA dio en el blanco en una maniobra milimétrica. ¿El objetivo? El cráter Cabeus, situado en el polo sur de la Luna. ¿El plan? Estrellar en el punto elegido un cohete de dos toneladas de peso que viajaba a una velocidad dos veces superior a la del disparo de un fusil y, luego, tres minutos después, lanzar una sonda que durante cuatro minutos siguiera su estela para analizar y proporcionar información a la tierra de la columna de polvo de casi seis kilómetros de altura levantada tras el impacto inicial. ¿El propósito? Confirmar si en la Luna hay agua.

El plan funcionó a la perfección, solo que para obtener la respuesta a la última pregunta aún será necesario esperar a que los científicos de la NASA analicen los datos y comprueben si, efectivamente, hay agua helada bajo la superficie del satélite. «El equipo está ansioso por analizar la riqueza de datos que producirá esta singular misión», explicó Anthony Colaprete, el responsable científico de la misión.

«Es un gran día para la ciencia y la exploración espacial», remachó Doug Cooke, administrador del programa de Misiones de Exploración.

La misión, llamada LCROSS por el nombre con que ha sido bautizada la sonda, ha contado con un presupuesto superior a los 60 millones de euros, que se han acabado convirtiendo en polvo, aunque la NASA asegura que, dado el éxito obtenido, será una inversión muy rentable. Encontrar agua en la Luna supondría un paso fundamental en la exploración espacial, ya que allanaría el camino para la creación de futuras bases lunares para abastecerse de agua, combustible o incluso oxígeno para que el hombre visite otros planetas. Y Marte es el objetivo.