
Según publican hoy Paul Steen y Michael Vogel en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), el invento, que está inspirado en un escarabajo nativo de Florida que puede adherirse a las hojas con una fuerza 100 veces superior a su peso, consiste en una lámina plana lleno de orificios microscópicos unida a una placa de líquido y a otra delgada capa porosa. Cuando se aplica sobre el conjunto un campo eléctrico usando una batería convencional de 9 voltios, el agua es bombeada a través del aparato (electroósmosis), haciendo que pequeñas gotas alcancen la capa superior. La tensión superficial del agua permite que el aparato se adhiera a cualquier superficie de igual modo que dos cristales se “pegan” con sólo unas gotas de líquido. Y sin apenas consumir energía.
“En la vida cotidiana estas fuerzas son relativamente débiles”, explica Paul Steen. “Pero si creamos muchas y las controlamos, como hace el escarabajo, podemos conseguir una fuerte adherencia”, añade. Uno de los primeros prototipos, con un millar de orificios, puede sostener 30 gramos. Y cuanto más pequeños son esos orificios, más crece su poder adhesivo. Así por ejemplo, usando una superficie de 2,5 centímetros cuadrados con millones de agujeros de tan sólo una micra de diámetro, el gadget podría sostener en el techo o en la pared más de 6 kilogramos de peso.